14/9/09

Existencialismo aparcado

Son de esos días que no pasan constantemente.
Quizá por eso cuando llega uno lo disfrutamos como si fuera la primera vez que sucede, y a la vez, como si fuera el último.

Los últimos días de verano son especiales. El buen tiempo se mantiene; pero el calor poco a poco se ha ido apagando, y de la noche a la mañana es capaz de desaparecer sin dejar ninguna nota de aviso. La ausencia de este hace que notemos una brisa fría que parece provenir directamente del vacío humano.

Es agradable. Todo huele a hierba y tierra mojada, como si acabase de llover; pero afuera todo está seco. Tampoco hay hierba ni tierra, hay civilización e ideas cementadas.


Sentada frente el horizonte, el leve suspiro de la tierra viene acompañado de un dulce olor a sal, consecuencia de estar cerca del mar. Yo también me acompaño, de la soledad, que hace más flemática la estancia en ese lugar.
El frío cala lo más profundo de mis huesos, y mi piel se vuelve de hielo. El viento lleva mis cabellos a un punto de rebeldía, de libertad. Ninguna atadura los podría detener.
Son de esos momentos en que todo te sobra y nada te falta. En que te tienes a ti y a tus sentidos para entrar en contacto con lo que queda de naturaleza. En que tu cabeza, por un día, no quiere pensar ni en lo más simple ni en lo más difícil. Donde los problemas están, pero con este día se ponen a dormir y se anestesian.

Noto que el aire me sigue acariciando mientras cierro los ojos y respiro.

El cambio de tiempo no solamente traerá consigo al otoño.

2 comentarios:

Lydie Blanco dijo...

m'ha agradat molt aquest text. i tant que els dies d'estiu són prou especials... malgrat això, estic contenta de què la calor hagi menguat, ja era hora de deixar-la enrere.
molt maco també el disseny del teu blog, i el Fausto la mar d'original, jaja.

muà

Lydie Blanco dijo...

merci. sísí, vaig a sant josep. a 2n de batxiller. i tu?
moltes gràcies (valga la rendundacia) per visitar el meu bloc i comentar :)

muà